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martes, 14 de febrero de 2012


  La tecnología permite aumentar el tiempo de trabajo, la productividad y como consecuencia se reducen los precios unitarios del producto.
     El capitalismo de consumo de masas ha optado por un aumento de la renta del proletariado y la clase media, con lo que puede acceder a bienes de consumo y aumentar el mercado, ya que hay más personas que pueden comprar los bienes de consumo. En la sociedad de consumo de masas el sueldo del trabajador está por encima de la mera subsistencia, pero no por encima de la demanda de los bienes necesarios. Las necesidades básicas han aumentado, y se siguen creando, a través de la publicidad.


     El aumento de la capacidad productiva implica la necesidad de menos mano de obra para producir lo mismo, con lo que aumenta el paro en términos globales. También se corre el riesgo de superproducción y exceso de demanda. El aumento del paro, y de la precariedad en el empleo, disminuye el poder adquisitivo general, y el gasto familiar real.


     La tecnología permite la creación de nuevos empleos y servicios, con lo cual no todo el empleo destruido se convierte en paro, pero los nuevos empleos generados son menos que los destruidos. La aplicación de la informática al sector servicios ha supuesto un aumento espectacular del paro, ya que no hay trasvase de trabajadores a otros sectores. No obstante, son precisamente las nuevas tecnologías, aplicadas a Internet, y el comercio electrónico las que a corto plazo están creando más empleo. El símbolo de esta situación es el «dinero de plástico» y los cajeros automáticos, con los que es posible disponer de dinero para consumir de un modo fácil y rápido. Los bancos trabajan las veinticuatro horas del día, aunque no sus empleados.